Columna de Osvaldo Artaza: Desafíos para inviernos saludables

Donde subsisten mayores problemas es en la población adulto mayor
Con la excepción de los años pandémicos donde todo era COVID, cada invierno vivimos un período en que la palabra "colapso" del sistema de salud se repite como mantra. Los medios de comunicación nos angustian al mostrarnos una y otra vez imágenes desoladoras de muchas horas de espera en las salas de urgencia y el dolor de alguna familia que sufre la pérdida de un ser querido. Pero más allá de lo que suele suceder con estas dramáticas situaciones, es indudable que cada invierno nos vuelve a poner a prueba. Primero hay que reconocer los innegables avances que se han desarrollado en las últimas décadas, especialmente en el área pediátrica. A fines de los años '80 la tasa de mortalidad infantil por neumonía, preferentemente viral, era de 3,5 por mil nacidos vivos y la mayoría de los decesos ocurrían en domicilio o en el trayecto al hospital. Considerando esta realidad, se implementó en los '90 el Programa IRA, que incorporó kinesiólogos y tecnologías a los centros de atención primaria para mejorar su capacidad resolutiva en los cuadros respiratorios.
La presencia de patologías crónicas concomitantes y la contaminación ambiental explican que, pese a la vacunación, nuestro país aún conserva en adultos tasas de mortalidad por enfermedades respiratorias por sobre la mayoría de los países de la OCDE. Una de cada 10 personas que fallecen en Chile lo hacen por causa respiratoria, manteniéndose estable en el último decenio y situándose en el tercer lugar entre las causas generales de muerte. Los adultos mayores de 65 años y más concentran el 85% de dicha mortalidad. Está claro que tenemos un desafío en disminuir la morbilidad en niños y adultos mayores. Para lo anterior es imprescindible actuar intersectorialmente y disminuir, además de los padecimientos metabólicos, uno de los factores de riesgo más relevante: la contaminación ambiental. El frío actúa disminuyendo la motilidad de los cilios de la mucosa respiratoria, lo que disminuye nuestras defensas, y la menor ventilación asociada a las bajas temperaturas favorece la trasmisión viral aérea. Si a ello agregamos contaminación, tenemos el cóctel perfecto.
La concentración de contaminantes en el aire cumplen en promedio con períodos que evidentemente superan a la normativa nacional, pero que siempre exceden y con creces las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud. Esto explica los problemas en este ámbito en las grandes ciudades y la existencia de las denominadas "Zonas de Sacrificio", como Tocopilla, Huasco y Quintero-Puchuncaví, donde se ven claramente reflejados los efectos nocivos sobre la salud de las personas.
Fuente: CNN Chile
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